“Permite que te invite
a la despedida.
No importa que no merezca
más tu atención.
Así se hacen las cosas en mi familia.
Así me enseñaron
a que las hiciera yo.”
Enrique Bunbury, cantante zaragozano

Este es uno de mis meses favoritos desde que nació mi hijo León el 12 de febrero de 2013. Llevo casi 1 año sin verlo por el encierro narcisista y codependiente al que le obliga su padre, pero no desfallezco. Sé que volveremos a reunirnos. Y por si acaso no nos veamos más, termino este mes el último libro de la saga autobiográfica que le dejo como legado. Sí, son mis palabras, escritas ahora en papel por si acaso nunca le vuelvo a ver.

Mientras tanto, aquí dejo una carta abierta al padre de mi hijo por si algún día le interesase comunicarse de nuevo conmigo.

Permite que te dedique la última línea, Otto, no importa que te disguste esta saga, así mi conciencia quedará más tranquila, así en este día, te decimos adiós.
Gracias, Enrique, por permitirme usar tus párra-fos para expresar esta despedida.
A ti te digo, Otto, a todos los otros Ottos del mundo:
“Querido Otto.
Te voy a revelar, por siempre, de lo que el valor es capaz. Te voy a mostrar lo extensible que llega a ser la paciencia de una madre. ¡Tú, quizás, no tienes ni idea qué significa amar a alguien con un corazón que arde! Quizás te quedarás solo para vestir tu propio funeral. Toda la trola que creaste estos últimos años, quizás, no te sirvió de nada. Quizás ahora te sea difícil encontrar un nuevo corazón que brille, un nuevo amor. Es que hay que ser zopenco para querer cortarle las alas a la mujer que te enamoró con su vuelo, pero eso ya pasó.
No quise escribir un libro sobre ti, Otto, puesto que no quería dar a entender que me importabas. Pero el tiempo pasó y si crees que aun te amo, mejor vas y te vas a amar a ti mismo. Hay que lograr comprender deliberadamente lo ocurrido para poder asimilarlo, sacarle partido y pasar página. Si no comprendes tu pasado estás condenado a repetirlo. Volví a casa, a la cos-ta de la que arranqué contigo, a la orilla desde la cual me perturbaste el sueño. Mis amigos siguen siendo mis amigos. El problema lo tenías tú con ellos. Mantengo una estupenda relación con mi madre desde que ya no tengo que inventarme tus empleos. Comparto más tiempo con mi hermana desde que ya no tengo que escaparme de casa por la puerta de atrás para telefonear con ella. Gracias a Dios que ya no interrumpes. Gracias, Otto, por haberme dado esa increíble experiencia. Tus celos me enseñaron la precaución. Tu desempleo me enseñó la precariedad. Y tu odio me invitó a dudarme.
Mientras escribía pensaba en ti, Otto, eso sí, claro. Eras estresante. Solías llamarme por teléfono día y noche cuando no me encontraba a tu lado. Desde el momento que dejaba nuestra casa me llamabas para contarme tus opiniones, lo que acababas de ver en la telenovela o lo que ibas a hacer. Toda la familia coincide en que fui muy paciente contigo. Te escuchaba a la mínima idea que tuvieras. Te miraba a la cara, asentía con cortesía y respondía a tus problemas. Me interesaba por ti de verdad. ¿Quién me iba a reparar después? No es tan simple recuperar algo que has dado. Pero, menos mal que no te quedaste cerca por eso. Ya vi en tu manera de moverte que deseaba que desaparecieras y tú querías desaparecer, así que, ganamos los dos al final.
Me da pena que no desates tu potencial. Vales más que solo amo de casa con un niño que cada dos por tres dejas a tu madre. Pareces perdido en tu vida. ¿Por qué no buscas ayuda, lees libros sobre desarrollo personal, pruebas meditación o visitas donde te puedan ayudar? También debes de tener un trauma, cómo León y yo. Te comprendo. No será fácil para ti ser padre soltero, desempleado y sin rumbo. No eres tu trauma. Eres tus talentos. Sigue tu camino y trata de no dañar-te. Tu indisposición no asegurará la supervivencia de la manada por siempre. Te lo concreté, que te iba a tocar pagar. Gustav intenta apoyarte, -muy generoso por su parte-, porque nadie quiere estar solo de viejo, pero, está mayor, está muy débil. Tiene los días contados. ¿Qué harás entonces, Otto? Me imagino tu funeral, un funeral escueto, en algún sótano de alguna funeraria, sin misa dedicada a tu nombre. Tu tumba sin identificar, si acaso alguien te pone una, pues tu madre -si sigue como cuando yo la conocí-, se transformaría antes en arpía, con sus rizos alocados como serpientes, aunque espero que no. Tu riqueza soñada en la empresa de catering queda muy lejos. ¿Por qué no abres tu talento? No fue tu culpa como salieron las cosas. No fue culpa de nadie. Espero que le des a nuestro hijo seguridad y amor incondicional. Eso te rebotaría. Leona se recuperará, pero tú, no sé. Depende cómo sigas. Si una que es bonita sufre, imagínate un feo…
Incumpliste al menos cinco de los diez mandamientos. La mitad. ¿Te salvarás del infierno? Hiciste del día de reposo sagrado tu rutina. No trabajaste ni seis ni menos días. No honras ni a tu padre ni a tu madre (ni a nadie). Cometiste hurto. Quizás también cometiste adulterio. Hablaste contra tu prójimo falso testimonio. Codiciaste toda cosa de tu prójimo. Y robaste… olvidando las buenas costumbres.
Esto no son acusaciones, son hechos. Yo te per-dono. No te deseo más que paz, fuerza y amor. Espe-ro, de veras, que encuentres tu camino, cumplas tu sueño y seas un super buen ejemplo para nuestro hijo. ¿Qué mejor regalo podemos darle a nuestro hijo que vea cómo sus padres se crecieron conseguidamente?
Gracias por el tiempo pasado juntos, Otto. Gracias por todo lo contrario. Soy responsable de haberlo pasado mal. Soy responsable de haberte defendido a pesar de que la corazonada recomendaba que no. Justo cuando me quedaba en éxtasis me cortabas, me reñías o debíamos mudarnos. Traté de hacer lo mejor para que lo nuestro funcionara, pero no se puede agradar a todo el mundo todo el tiempo, ni parte del tiempo. No fui tu sabor de té, está bien. ¡Dedicarme a mí y al rey me estimula mucho más que los años pasados a tu la-do! Y eso que fueron ajetreados, ¿verdad?
Hacer feliz a la gente es lo que trae felicidad. Tengo una buena vida hoy y siempre comparto los regalos de la vida con los demás. Seguiré usando mi voz y mi vida como un cataclismo para motivar a personas a que ayuden a bordar un ardor positivo en otros.
La gran diferencia la marca el amor que recibo ahora. Es un millón de veces mayor que el amor que me dabas tú, que haces todo a medias. Buzo que se sumerge a medias no descubre la magia del océano. Ser rechazada fue lo mejor que me pudo pasar. Sufrí como Tina Turner y todas las Proud Mary. Gracias, Otto. Nada de esto habría ocurrido sin ti.
Como vas a seguir buscándome, un consejo te doy: si algún día no me encuentras, búscame entre las oportunidades que perdiste.
Trataste de callarme porque no sabías lo que mi voz podía hacer, ¿viste?
Nunca más seré la que fui. Te deseo que nunca más seas el que fuiste. Una recomendación, Otto. Nun-ca desafíes a una persona que no tiene nada que per-der. Cuando perdí todo también perdí el miedo.
Nunca fue tan breve una despedida.
Esto es el final, ¿te das cuenta? Sucede que el último capítulo de La Malquerida no te va a revelar don-de buscarme. No hay amor para Judas magnificado. Fuiste un bienamado y lo hiciste mal. En cambio, si dejas de ser Maléfica y desistes de una vez de estar tan perdido entre el odio y la venganza, quizás, y solo entonces, ocasiones que, al final, nuestro hijo no sea sal-vado por un héroe o por un villano como ocurre en las sagas, si no por uno que conseguirá pasar de ser un villano a ser un héroe.
Me llevo el gusto de elegir consciente y libremente no volver a ver tu fea y bastarda cara de malquerido nunca más. Lo raro es que no suelo salir con imbéciles que me fuerzan a ser normal. Tus problemas se solucionarían con el corazón, pero tú, no tienes. Puede que no tengas otra opción, si eso es lo que elijes. Mas, yo sé de buena tita que sí tienes elección. Una piedra se puede volver corazón. Los milagros existen. Y, estás de suerte, pues, tienes al lado un tesoro que te puede ayudar. Estás a cargo del único hijo que tendremos ja-más juntos. Elige bien, Otto, por él. Yo sé que, al me-nos una vez en la vida, amaste. A mí. Ama a nuestro hijo más aún. Hazlo bien no, mejor. Yo te estoy muy agradecida por qué te ocupes de él. También le agradezco mucho a tus padres, pues, no sé por qué y no tengo pruebas, pero tengo la intuición femenina de que ahora que yo ya no estoy, sí delegan algo -aunque sea poco- de seguridad en nuestro hijo, y eso está bien. Quince minutos de algo es mejor que nada.
Yo soy pura poesía. Tú no sabías leer. Te per-dono. Respeto nuestras diferencias. No te fuerzo a na-da. No te juzgo. Las cartas de tu abogado ni las leo. Prefiero hacer caso omiso que enrollarme en una riña improductiva. Por eso tampoco contrato un nuevo abogado. Prefiero vivir en paz que tener la razón. ¿Por qué no practicas lo que tatuaste en tus dedos?
¿Escribí al comienzo de esta despedida que te iba a revelar, por siempre, de lo que el valor es capaz? Esto es: te perdono.
Hace falta valor para perdonar.
Me llevé el gusto de sacarte de mi vida sin aviso. Ya estamos grandes para andar explicando lo ya sabías que estabas haciendo mal. El mundo cambia con tu ejemplo, no con tu opinión.
Te recomiendo un libro: ¿cómo dejar de enojar-me tanto?
Gracias por lo compartido, Otto.
Adiós.”

Pecado 4: no bailarás con la verdad.

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►► Nóel Odanen – Autora y filántropa – NO al maltrato. ¡Cambia la opresión en oportunidades! ¡Desata tu #Pasión ! www.noelodanen.com