“Altas o bajas,
en abril caen las Pascuas.”
Refrán español

Castelar, Argentina

La noche se cernió sobre el pueblo de Castelar, en Argentina. La temperatura bajó unos grados, poniendo contentos a los niños. Los negocios cerraban sus puertas, bajaban las persianas y contaron caja. La panadería que un día invitó al famoso actor John Travolta a entrar también recogía sus facturas. Así se hacen las cosas en Castelar. Se acoge a todo aquel que entre en sus negocios. Los empresarios tienen así la conciencia tranquila. El fin de semana de las segundas Pascuas se acerca. Y los clientes están contentos.

Algo extraordinario ya estuvo sucediendo en una de las casas aledañas del municipio. A pesar de la escena idílica, siento comunicarles que la cuenta regresiva ya hubo comenzado para Alejandra. Dispuesta a preparar la cena, insistió a su hijo de ocho años que pusiera la mesa. Su padre, Gustavo Javier Flores aún no hubo vuelto. Parecía que sufría a diario pues su demora se hizo constante en las últimas noches. El niño no supo por qué. ¿No sería porque hubiera dejado de querer a su familia? El nene no supo juzgar. Puso la mesa. Lo que le pasaba a su padre más bien era su insatisfacción para consigo. Como viene siendo habitual en estos años de transición, la nueva tecnología le preparaba dolores de cabeza al padre de familia. La envidia, el smartphone que pedía su hijo y el sueño de viajar fueron máximas que le calaron. Por la felicidad de ellos a costa de la suya meditó. Bajó la mirada y volvió a casa.

Durante la cena no hubo gestos amables. Discutir, administrar el dinero, entender el ordenador y masticar a la vez para ahogar así las penas. Un golpe en la mesa para hacer la cena soportable. Al niño se le erizó el vello.

-Por clemencia, por favor, no te pongas así -masticó Alejandra.

Al ver que quedaba poca ternura, Gustavo hizo una locura. Por una burla del destino, a Alejandra le dio tiempo a llamar al 911 y pedir ayuda, pedir un rescate de su marido violento.

-¡Me mata, me mata! ¡Sáquenme de aquí! -gritó Alejandra repitiendo el primer pecado.

Por la mala cobertura, esta falta no llegó.

Gustavo la acuchilló, por clemencia, delante de su hijo.

A la mañana siguiente llamó él mismo al 911, confesando su crimen, confesando que hubo perdido la razón.

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Por clemencia, Alejandras del mundo, ¡¡desátense de esos maltratadores hitlerianos!!

►► Nóel Odanen – Autora y motivadora – NO al maltrato. ¡Cambia la opresión en oportunidades! ¡Desata tu #Pasión ! www.noelodanen.com